En casa es donde emieza todo. Es el primer lugar donde los niños aprenden qué significa amar, enfadarse, frustrarse o alegrarse. Antes incluso de hablar, ya entienden el lenguaje de las emociones: el tono de voz, una mirada dulce, un abrazo o una expresión seria. Es en este espacio cotidiano, tan cercano y real, donde los niños y niñas descubren cómo se vive, cómo se comparte y cómo se calma lo que sentimos.La gestión emocional en familia no consiste en evitar los momentos difíciles, sino en ...