¿Qué tipo de parentalidad ejerces?
La crianza no es una tarea sencilla y, mientras se ejerce, ofrece situaciones constantes que plantean retos y, al mismo tiempo, oportunidades para fomentar las habilidades que queremos que nuestros hijos e hijas tengan cuando sean adultos. En este sentido, el papel de modelo de los padres es muy importante.
Al pensar en experiencias concretas de dificultad en la crianza (por ejemplo, cuando el niño está triste, pero no quiere hablar y no se deja ayudar), las cualidades que nos gustaría para el futuro de nuestro hijo o hija se hacen más presentes. Seguramente nos gustaría, entre otros aspectos, que fueran felices, respetuosos, resilientes, con capacidad para gestionar sus problemas y rodeados de una buena red social. La buena noticia es que todas estas habilidades se construyen día a día a partir de situaciones difíciles de la crianza.
Los cuatro estilos de parentalidad
¿Cómo se debe acompañar a los niños para promover su bienestar emocional durante la infancia? La psicóloga norteamericana Diana Baumrind y otros autores han definido los siguientes cuatro estilos de parentalidad y su efecto en el bienestar emocional:
1. El autoritario
Cuando se establecen límites y se ejerce un control excesivo sobre los menores. Es un estilo que se caracteriza por una escasa comunicación entre progenitores e hijos y una baja participación de los menores en lo que respecta a las normas de convivencia. Por un lado, fomenta la baja autoestima y la obediencia excesiva, aspectos que no favorecen el bienestar emocional. Por otro lado, en un entorno estructurado, el establecimiento de límites genera una sensación de seguridad y, desde esta perspectiva, puede convertirse en un factor positivo para el desarrollo de los niños.
2. El permisivo
Cuando los padres se centran en ser excesivamente cálidos con el deseo de poner al niño en el centro, pero, por otro lado, sin establecer límites ni supervisar a los menores. Por lo tanto, es un estilo que puede fomentar el sentimiento de pertenencia y una mejor autoestima y, por lo tanto, el bienestar emocional. Por otro lado, la falta de límites y supervisión provoca inseguridad, poca moderación en los niños y no ofrece experiencias en las que los menores puedan aprender a tolerar la frustración.
3. El negligente
Cuando no se ejerce ningún tipo de control o supervisión, generando en los niños una experiencia de rechazo y falta de protección. Es un estilo que no promueve el bienestar emocional.
4. El democrático
Cuando se establecen límites y se supervisa a los menores con calidez y afecto. Este es el estilo por excelencia que se relaciona con el bienestar emocional, ya que crea estructura, pero, al mismo tiempo, fomenta la comunicación y los vínculos afectivos con los niños, aumenta el sentido de pertenencia y hace que los niños participen en las decisiones, haciéndoles sentir útiles y empoderándoles.
Este es un artículo original de la Escola de Salut de l'Hospital Sant Joan de Déu Barcelona. Para más información sobre la comunicación familiar, consultad el 16º Informe FAROS, titulado Navegando las adversidades: claves para una infancia y adolescencia resilientes.