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Jóvenes y autoestima: cómo la sociedad condiciona la manera en que nos vemos

3 min

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Adolescente mirándose en el espejo

Este contenido se publicó originalmente en SOM Salut Mental 360º el día 22/6/2026. Puedes ver el original en este enlace.

En los últimos años, hablar de autoestima en la juventud se ha convertido en una necesidad urgente. Sin embargo, a menudo lo hacemos desde una mirada puramente individual: «quiérete más», «confía en ti», «acéptate tal y como eres». ¿Y si el problema no fuera sólo de cada uno? Quizás debemos empezar a preguntarnos qué papel tiene la sociedad en la construcción de nuestra autoestima.

Los espejos sociales y la distorsión digital

No nos miramos con ojos propios. La manera en que nos vemos no nace de la nada, sino que se construye a partir de espejos sociales: la familia, la escuela, el grupo de iguales… y, sobre todo, hoy en día, las redes sociales.

La juventud crece en un entorno en el que la imagen se expone, se compara y se valora constantemente. Plataformas como Instagram o TikTok no sólo muestran vidas idealizadas, sino versiones editadas, filtradas y, a menudo, muy difíciles de conseguir. Esto genera una distorsión profunda: ya no somos nosotros quienes miramos a los demás, nos convertimos en objeto de observación y juicio constante.

 

El peso de las expectativas externas

La autoestima no es sólo «cómo me veo», sino también «cómo creo que debería ser». Aquí entran en juego las expectativas. No sólo se construye desde el interior, sino también desde las expectativas externas.

Cuando una chica siente que debe ser delgada, atractiva y siempre «presentable», o cuando un chico percibe que debe ser fuerte, seguro y emocionalmente impenetrable, el problema real no es si cumplen o no esos estándares, sino que existan esos estándares. Es en este punto cuando aparecen la frustración, la inseguridad y el malestar. Y no es porque las personas jóvenes «no sepan quererse», sino porque están intentando encajar en un modelo imposible .

Hay que empezar a preguntarnos qué papel tiene la sociedad en la construcción de nuestra autoestima y crear un entorno más amable, diverso y humano que respete a las personas tal y como son.

Compararse es inevitable

Una de las dinámicas más nocivas actuales es la comparación constante. Antes nos comparábamos con un entorno limitado; ahora lo hacemos con miles de personas todos los días a través de las redes sociales. La comparación no es nueva, pero sí la intensidad y frecuencia en la que se practica actualmente. Esto tiene un impacto directo en la percepción del propio cuerpo, las habilidades y el valor personal. Por tanto, no es extraño que aumenten los sentimientos de insuficiencia, la presión estética o la sensación de «nunca ser suficiente» .

¿Qué hacer desde el acompañamiento?

Si aceptamos que la autoestima tiene una base social, el acompañamiento no puede limitarse a repetir «quiérete». Hay que ir más allá:

  • Desmontar los ideales: ayudar a identificar que muchos referentes digitales son irreales o construidos artificiosamente.
  • Generar espacios seguros: entornos donde no sea necesario demostrar nada ni recibir una validación constante.
  • Poner palabras al malestar: validar y legitimar que sentirse inseguro en un contexto como el actual es comprensible.
  • Fomentar la mirada crítica: enseñar a cuestionarse a sí mismo, pero también (y sobre todo) al sistema que impone estos modelos.

 

¿Y si cambiamos la pregunta?

Quizás, en lugar de plantearnos cómo podemos mejorar la autoestima de las personas jóvenes, deberíamos preguntarnos: ¿qué sociedad estamos construyendo para que puedan sentirse suficientes?

Mientras sigamos poniendo el foco exclusivamente en el individuo, estaremos ignorando una parte clave del problema. Debemos poner el foco en crear un entorno más amable, diverso y humano, donde el valor de una persona no se mida a través de las interacciones o de los likes, sino por la red de apoyo que la sostiene, por el respeto a su singularidad y por la libertad de ser como eres.

Núria Bou Andrés