10 consejos para pasar un verano con calma y en familia
Este contenido se publicó originalmente en SOM Salut Mental 360º el día 9/7/2026. Puedes ver el original en este enlace.
Llega el verano: el calor, el descanso, las vacaciones... y terminan las clases. Para muchas familias, esto significa más tiempo libre, menos rutinas y, a veces, cierto caos en la convivencia diaria. Sin el paraguas de la escuela, puede aparecer la duda: ¿Cómo seguir educando sin caer en el «todo vale»?
Las vacaciones son una oportunidad para detenerse, reconectar y disfrutar, pero también pueden generar desajustes: horarios irregulares, mayor uso de pantallas, dificultades para poner límites… Es en este contexto donde el papel educativo de las familias toma todo el sentido.
¡Te ofrecemos 10 consejos prácticos y realistas para acompañar a tus hijos e hijas —pequeños y adolescentes— este verano con calma, con sentido y, por supuesto, en chanclas!
1. Bajar el ritmo sin perder el rumbo
En verano dejamos atrás los horarios escolares organizados, pero eso no significa que entremos en un período en el que «todo vale». Durante el período de verano debemos mantener ciertas rutinas que nos ayudarán a continuar una convivencia saludable y empezar el nuevo curso sin caer en el drama de cada año. Continuar con horarios de descanso, sueño, comidas y cenas proporciona seguridad y buenos hábitos a los más pequeños.
2. Un buen rato vale más que mil actividades
Durante las vacaciones, a veces tendemos a organizar un sinfín de planes con el objetivo de complacer a los niños y adolescentes. Realmente, lo más importante es poder compartir un tiempo de calidad en familia, conversaciones sin prisas, cenas sin pantallas y actividades improvisadas. Y es que a veces los recuerdos más bonitos suceden en los momentos más simples.
Durante el período de verano debemos mantener ciertas rutinas que nos ayudarán a continuar una convivencia saludable y empezar el nuevo curso sin caer en el drama de cada año.
3. Pantallas en modo avión, como mínimo, a ratos
Que ni las pantallas ni las discusiones por querer usarlas se conviertan en las protagonistas de tus vacaciones. Una pantalla en la playa, en la piscina, durante el almuerzo, en el restaurante o durante el baile de la orquesta del pueblo no es lo más adecuado para nadie. Establece unas ciertas normas sobre cuándo, cuánto rato y para qué se van a usar. No olvides este mantra: tu ejemplo como persona adulta siempre es el más potente.
4. Fomenta la lectura de forma natural
Sin imponer, trata de proponer momentos para la introversión y la calma. Qué mejor que ofrecer un cómic, una revista, un cuento o una buena novela juvenil. Esta sana costumbre supone una gran cantidad de beneficios y, además, leer en verano ayuda a mantener el hábito lector y a reforzar aprendizajes sin necesidad de hacer deberes.
5. Fomenta la autonomía a través de pequeñas decisiones
El tiempo en familia es una buena oportunidad para desarrollar la autonomía y el sentido de pertenencia. Y es que participar en pequeñas decisiones como elegir una excursión, decidir qué comer o en qué orden se llevarán a cabo las actividades del día refuerza la autoestima y les hace sentir parte activa de la familia. Los planes consensuados y las tareas compartidas son siempre una herramienta útil para todos.
La adolescencia pide distancia, pero también contención. Y esto, en verano, puede significar acompañar desde un segundo plano, con respeto y confianza
6. Dar espacio sin desaparecer
En el caso de los adolescentes, tanto chicos como chicas querrán distanciarse de los adultos como una forma de reafirmar su identidad. Esto no significa que hayan dejado de necesitarnos o querernos, pero sus necesidades ya no son las mismas.
Hay que dejarles espacio para que respiren, pasen tiempo con sus colegas y se equivoquen, pero sin dejar de acompañarlos y de estar presentes a nivel emocional, atentos y accesibles. Mostrar interés por sus gustos sin invadir, proponer sin imponer, respetar sus silencios y saber estar sin forzar conversaciones son formas valiosas de seguir siendo referentes sin ser controladores. La adolescencia pide distancia, pero también contención. Y esto, en verano, puede significar acompañar desde un segundo plano, con respeto y confianza.
7. Convierte lo cotidiano en aprendizaje
El verano es un momento maravilloso para ir al mercado, cocinar juntos, regar las plantas o poner la mesa. Y es que el verano es una escuela de vida en la que, sin necesidad de libros ni exámenes, encontramos oportunidades en las que poder educar y aprender sin apenas darnos cuenta. En lo cotidiano podemos desarrollar competencias como:
- La autonomía.
- El crecimiento personal.
- La responsabilidad.
- La planificación.
- Las habilidades sociales.
- Los valores.
- El sentido de la consecución.
Recuerda, el verano es una gran escuela sin libros ni horarios.
8. El aburrimiento también educa
En la sociedad en la que vivimos aburrirse parece una misión imposible en la que parece que sea necesario llenar cada momento con algún estímulo. Todo lo contrario, saber aburrirse de vez en cuando y de forma saludable es una parte fundamental del desarrollo.
Cuando un niño se aburre, se enfrenta al desafío de crear su propio entretenimiento, inventar juegos o explorar nuevas ideas sin la guía constante de un adulto o de una pantalla. Como padres y madres, puede ser tentador «rescatar» rápidamente a nuestros hijos cuando dicen que se aburren. Pero una forma más educativa es acompañar ese aburrimiento, sin intervenir demasiado ni ofrecer soluciones inmediatas.
El verano es una escuela de vida en la que, sin necesidad de libros ni exámenes, encontramos oportunidades en las que poder educar y aprender sin apenas darnos cuenta.
9. Poner límites sin perder la calma: firmeza con cariño
En verano, los ritmos cambian y las rutinas se relajan. Esto puede generar más momentos de tensión o resistencia por parte de niños y adolescentes. Sin embargo, poner límites sigue siendo necesario y compatible con una convivencia respetuosa. Los límites no están reñidos con el cariño: marcar lo que sí y lo que no es una forma de cuidado. Ayudan a los niños a sentirse seguros, a regularse y a convivir mejor con los demás.
Lo importante es cómo los ponemos. Durante el verano, algunas normas pueden negociarse o adaptarse –como los horarios o el uso de pantallas–, pero deben seguir existiendo acuerdos claros, coherentes y compartidos. Cuando los límites cambian a diario, aumentan la inseguridad y los conflictos.
10. Educar también es disfrutar
Ríe, improvisa, juega. A veces, lo educativo es simplemente compartir un helado y estar presentes.
Este verano no hace falta hacer mucho, sino estar de verdad: con presencia, calma y sentido. Porque cada pequeño gesto cotidiano es también una oportunidad para educar y crecer juntos.
Éste es un artículo original de la Escola de Salut del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.