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crianza faros

Educar a niños resilientes

· 2 min

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Este contenido se publicó originalmente en SOM Salut Mental 360º el día 18/4/2023. Puedes ver el original en este enlace.

El día a día en la crianza de los niños y niñas plantea numerosos retos, dudas y conflictos para madres, padres y cuidadores principales. Ante situaciones difíciles y adversidades, grandes o pequeñas, surgen muchas dudas: ¿estamos ofreciendo una educación adecuada? ¿Somos demasiado estrictos o laxos en las normas y los límites que ponemos a nuestros hijos e hijas? ¿estamos fomentando bien la autoestima y las habilidades de los más pequeños para que puedan gestionar las dificultades de la vida?

Para intentar dar respuesta a estas dudas, la psiquiatra Marta Pardo Gallego, especializada en población infantil y adolescente, certificada en Disciplina Positiva y líder de Programas Alternativos a la Hospitalización, del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, explica en la charla para familias organizada por el portal FAROS las claves de la parentalidad positiva y cómo practicarla.

¿Qué es la parentalidad positiva?

La parentalidad positiva se centra en fomentar el desarrollo saludable y positivo de nuestros hijos e hijas, a través de la creación de un entorno seguro. Donde prime el cariño, empatía y el respeto mutuo. Realizar una parentalidad positiva es, según Save The Children, respetar los derechos de los niños y educarles sin recurrir al castigo físico.

Este modelo de crianza tiene un papel crucial en el desarrollo de la resiliencia durante la infancia y la adolescencia, una etapa especialmente importante para el aprendizaje de las habilidades que promueven la resiliencia.

La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos para hacer frente a los acontecimientos negativos de la vida, adaptarnos a situaciones difíciles, persistir ante la adversidad y recuperarnos después de un suceso traumático o estresante. Es por este motivo que la resiliencia es un factor protector de la salud mental.

Se trata de una capacidad que se va construyendo a lo largo de la vida con la suma de factores individuales propios de la personalidad de cada persona y de la influencia del entorno más inmediato de la persona. En este sentido, la crianza y los vínculos con los padres, madres y cuidadores principales son un factor crucial en el fomento de las habilidades para la vida.

Cuando hablamos de parentalidad positiva, esta engloba, según explica Marta Pardo, los siguientes elementos básicos:

  • Vínculos afectivos cálidos (protectores)
  • Entorno estructurado, límites claros, consistentes.
  • Estimulación y soporte al aprendizaje cotidiano y escolar.
  • Reconocimiento
  • Capacitación, darle competencia e influencia
  • Educación sin violencia (toda forma de castigo físico o psicológico degradante)

Educar sin violencia

Save the Children resumió en diez pautas básicas los conceptos clave para una educación sin violencia:

1. Los niños y las niñas tienen derecho al cuidado y guía apropiados.

2. La parentalidad positiva se basa en: conocer, proteger y dialogar.

3. El vínculo afectivo es determinante.

4. El afecto debe demostrarse abiertamente para que los niños y las niñas se sientan queridos.

5. Las normas y límites son importantes: les dan seguridad.

6. Los niños y las niñas deben participar en el proceso de tomar decisiones y sentirse responsables.

7. Se les puede sancionar cuando se portan mal, pero no de cualquier forma.

8. El cachete, el insulto, la amenaza o los gritos no son eficaces ni adecuados para educar a los niños y las niñas.

9. Los conflictos pueden resolverse sin violencia.

10. Para que los niños y las niñas estén bien, los padres tienen que estar bien.

Redacción