¿Qué hacer cuando tu hijo o hija adolescente te pide salir de fiesta?
Este contenido se publicó originalmente en SOM Salut Mental 360º el día 19/12/2025. Puedes ver el original en este enlace.
De todos es sabido que la adolescencia, tanto física como psicológicamente, se avanza cada vez más en el tiempo. Esta realidad conlleva que la referencia que podamos tener los padres respecto a la edad en que empezamos a salir de noche y a celebrar fiestas sin la compañía de los adultos no sea adecuada a las necesidades de los adolescentes actuales. ¿Qué hacer ante la primera vez que un adolescente solicita ir a una fiesta solo? ¿Y si es de noche? ¿A qué pactos debemos llegar de mutuo acuerdo? ¿Qué consejos son importantes a la hora de delegar responsabilidad?
Antes de la fiesta…
- Lista de amistades que asistirán. Pídele a tu hijo o hija que te detalle, de todos los amigos que tu conoces, quiénes son los que asistirán. Estate alerta a sus redes sociales para estar informado de la posible magnitud de la fiesta, el lugar, etc. Los adolescentes utilizan las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea, en lugar de la comunicación telefónica, con lo cual es muy probable que utilicen estos canales para planear la celebración. Ante cualquier sospecha sobre algún aspecto del que no estés informado, intenta obtener más información. Es conveniente que en la lista de amigos que asistan también se detalle el nombre y teléfono de contacto de los padres de los mismos. Si tienes dudas o momentos de desconfianza, contactar con el padre o la madre de alguno de sus amigos, puede ayudarte a tranquilizarte o a evitar cualquier situación que creas que puede no ser adecuada durante la celebración.
- Lugar y hora. Pide que te detalle en qué sala, casa o espacio va a tener lugar la celebración. Si lo ves factible, acompañale a la fiesta, para confirmar que se celebra en el lugar que te ha dicho. También es recomendable que lo recojas, para confirmar que todo ha ido bien y que vuestros acuerdos se han mantenido.
Reglas de negociación y educación en valores
- Honestidad y confianza. Aunque haya experiencias, vivencias y modos de pensar que no te gusten de tu hijo o hija (el cambio generacional conlleva estos aspectos) fomenta que siempre comparta contigo su día a día, las inquietudes y la manera de ver la vida. La mutua confianza es clave para conocerle mejor, para entender cómo actuará ante determinados contextos y prever situaciones de riesgo. Haz que la honestidad, la confianza y el respeto sean los ejes de vuestra relación.
- Diálogo. Es un elemento imprescindible en las relaciones humanas, y en el contexto familiar aún más. Mantén cada día tiempo para el intercambio, incluso acuerda momentos para ello. Los momentos de las comidas familiares, sin interrupciones, son una excelente ocasión para conversar sobre al día a día. No pierdas nunca la oportunidad de hablar, de conocer su situación personal, cómo afronta la adolescencia y cuáles son sus inquietudes e intereses. Aproximarte a él o a ella, hará que se generen vínculos de confianza y que se estrechen de forma continuada.
- Comunicación con el resto de padres. Intenta conocer a los padres de sus amigos. Siempre serán una vía de conexión para confirmar las actividades en las que participa junto con sus amigos, una vía de apoyo y colaboración ante cualquier necesidad que pueda surgir. Así mismo se puede ofrecer la posibilidad de crear un grupo de adultos que apoyen y refuercen los mismos principios educativos en los que sustentas tu labor educativa.
- Compromiso. Pacta compromisos y un plan progresivo de transferencia de autonomía en su salidas nocturnas. Si inicialmente eres condescendiente en menor grado a sus peticiones, por ejemplo en cuanto a la hora de regreso a casa o respecto al dinero que le asignas para sus gastos, será más fácil que asuma su responsabilidad y compromiso. Intenta que dichos pactos le queden muy claros, revísalos y negócialos, en la medida en que corresponda, según veas que avanza su grado de madurez. Ser condescendiente desde un inicio a todo lo que te pida no es favorable para su educación, pues ello implica un aprendizaje de una regla tan sencilla que se podría traducir como «tanto pido, tanto me conceden».
Recuerda que los valores son uno de los elementos más importantes en los que se debe basar la educación, y que formarán parte de su personalidad en la edad adulta.
- Déjele claro que ante cualquier problema a quién primero debe acudir es a ti como padre o madre. Si la relación de confianza y seguridad con los padres está clara por su parte, ante situaciones de riesgo, problemas o incertidumbres, tendrá el referente claro de las personas con las que puede compartir todo… con total confianza. Disponer de una relación parental basada en estos valores es esencial para superar la etapa de la adolescencia, que no solo está llena de cambios físicos y emocionales, sino de dudas y preguntas continuas. El camino hacia la madurez adulta será siempre más llevadero si está guiado por una persona adulta.
- Enséñale a decir que no, a posicionarse negativamente ante sus amigos cuando sea necesario. Este valor es esencial que lo trabajes, si consideras que tiene una personalidad fácilmente moldeable. Si además consideras que sus amistades son su primera influencia, para bien o para mal, enséñale a que tenga criterio propio para decir no ante aquellas decisiones, actividades o conductas que vea que no le son favorables o que no las va a disfrutar.
- La diversión no va vinculada al consumo de sustancias adictivas. Trata con él los riesgos que implica el consumo de determinadas sustancias, exponle situaciones que le resulten un ejemplo (real o ficticio) e insiste en los riesgos que implica «traspasar la frontera». Hay determinadas sustancias que tiene que tener claro que no debe probar, ni en pequeñas cantidades. Presentarle la dureza de sus consecuencias puede ser de las mejores lecciones educativas que dediques a tu hijo o hija. Recuerda que existen numerosos recursos sobre el riesgo del consumo del alcohol, drogas, conductas peligrosas, etc. y dentro de ese gran repositorio, los recursos audiovisuales y testimoniales pueden ser los que más le lleguen a impactar.
Después de la fiesta…
- Si regresa a dormir a casa, dile que te avise cuando llegue o intenta esperarle despierto. De este modo estarás informado que la hora de su llegada y podrás valorar cómo le ha ido la celebración.
- Si no regresa a dormir a casa, pídele que el padre o la madre del amigo a cuya casa vaya a dormir te envíe un mensaje o que te llame. Enséñale que no le exiges que lo haga por desconfianza, sino por tu propia tranquilidad.
- Comparte su experiencia. No solo respecto a sus impresiones personales, si le gustó o no la fiesta, sino también en relación con el resto de amigos con los que compartió la celebración, el ambiente en general de la misma o si observó algún tipo de conducta que considere que no era adecuada. Esta es otra buena ocasión de compartir, comunicar y aprender en base a la experiencia.
- Educa en valores y hábitos, en relación con el consejo anterior, recomendamos que en los momentos de diálogo sobre las experiencias personales aproveches para educar en valores sobre conductas no lícitas y consumo de substancias adictivas. Estos son los principales riesgos que preocupan a los padres; concienciar y tratar junto con tus hijos sobre los peligros que entrañan estas conductas forma parte de la prevención de las mismas.
Y no olvides que la educación de tus hijos o hijas es una labor diaria, que exige dedicación y esfuerzo, pero que a su vez conlleva una gran recompensa. Recuerda que los valores son uno de los elementos más importantes en los que se debe basar la educación, que formarán parte de su personalidad en la edad adulta.
Este es un artículo original de la Escola de Salut de l'Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.